Introducción

imagesPedro Salinas en Middlebury College, c. 1941-1942.

    Introducción de 1996 1
    Emilio Quintana (Universidad de Granada)

Doña Gramática (1942) es una obra muy especial por varias razones. Que en el libreto intervinieran, entre otros, Pedro Salinas, Joaquín Casalduero y Enrique Díez-Canedo, que a la sazón se encontraban de profesores en la Escuela Española de Verano de Middlebury (Vermont, EE.UU.), no es la menor de ellas 2. Doña Gramática es, en el fondo, una representación de fin de curso que tuvo la suerte de tener unos autores de auténtica excepción. La iniciativa de dar forma a una función teatral de este tipo debió de partir de los profesores residentes en Middlebury ese año, y la finalidad no debió ser otra que la de entretenerse y la de ofrecer a los estudiantes un espectáculo que les pudiera divertir (y divertirse también ellos dando rienda suelta a sus nostalgias) 3.

Resulta imposible a estas alturas distinguir la intervención que cada uno de ellos (Salinas, Casalduero, Díez-Canedo, pero parece que también Angel del Río o Fernando Giner, por ejemplo) tuvo en la obra. La realidad es que se trató de un trabajo colectivo, de un divertimento en el que todos, aunque es imposible saber en qué grado, tomaron parte. El ambiente fue, además, “cordialísimo”. Soledad Salinas nos recuerda que, mientras estaban escribiendo Doña Gramática, las risas de los amigos resonaban por toda la Escuela. Por lo demás, no sabemos mucho acerca de la representación en sí misma. Aparte de los propios estudiantes matriculados ese año, nos consta que participaron en ella los dos hijos de Pedro Salinas: Soledad, que hizo de Clausulita, y Jaime, que desempeñó uno de los papeles menores. La dirección estuvo a cargo del uruguayo José Albi, que, al parecer, también actuó en el destacado papel de Subjuntivo y que deleitó a la concurrencia con un depurado baile de pericón. También parece que actuó en la obra Francisco García Lorca y, desde luego, resultó fundamental la intervención de María Díez de Oñate al piano.

No conocemos otra versión de Doña Gramática que la que se encuentra microfilmada entre los papeles del legado de Salinas depositados en la Residencia de Estudiantes. Allí la localizamos en 1992 4, con motivo del centenario del poeta madrileño. Se trata de una copia que consta de 29 folios, mecanografiados con varias máquinas de escribir. Hemos tenido que reconstruir el texto en varios pasajes, porque en él abundan las tachaduras (obra de una revisión posterior de Dámaso Alonso), las dobles versiones, las erratas propias de un copista no hispano, etc. Parece verosímil que hasta última hora se fueran introduciendo cambios en el libreto, que seguramente no se recogieron por escrito.

middleburyParticipantes en el curso de vacaciones para extranjeros de la Residencia de Estudiantes en el año 1924, con Tomás Navarro Tomás, Américo Castro (sentados, primero y segundo por la derecha) y Antonio García Solalinde (apoyado en el árbol). Residencia de Estudiantes, Madrid.

A los escritores de la Generación del 27 se les conoce como los “poetas profesores”. Varios de ellos tuvieron relación con la enseñanza del español a extranjeros, singularmente a través de los cursos que se desarrollaban en la Residencia de Estudiantes. Por lo que se refiere a Pedro Salinas, su contacto con la enseñanza a extranjeros le venía de su época de lector en la Sorbona (1914). Más adelante, llegó a dirigir los Cursos de Extranjeros del Centro de Estudios Históricos, que se impartían en la Residencia (1928-1931), y fundó los de la Universidad Internacional de Verano de Santander (1933-1936). Cuando la Guerra Cvil llevó a la familia Salinas a los Estados Unidos, don Pedro impartió clases en la Escuela Española de Verano de Middlebury en varias ocasiones. Aunque Salinas se dedicó sobre todo a las clases de literatura, a veces se ocupó, como su amigo Jorge Guillén, de la enseñanza del español 5. En la correspondencia entre ambos, editada por Andrés Soria, se encuentran testimonios de esta labor docente, que a Salinas no acababa de gustarle y a Guillén le hacía sentirse “maestro de escuela”.

Doña Gramática es una especie de juguete cómico o de zarzuelilla en ocho escenas, la última de las cuales hace la función de epílogo y va tras una caída de telón. Todo ello precedido por un prólogo, en esta obra el “proscenio”, que consiste en una presentación de los personajes. Los diálogos se alternan con partes cantables, que proponen una nueva y divertida letra a melodías populares españolas como “La Tarara”, “Anda Jaleo” o “La Morena Trinidad” 6. En cuanto a la trama, se trata de una especie de sainete sentimental, en la tradición del género chico satírico, en el que se especula de manera muy divertida con los problemas gramaticales que los alumnos norteamericanos, de antes y de ahora, suelen tener con el español. Así que los personajes son imaginables: Por y Para, Ser y Estar, etc.

En esta trama arnichesca, se abordan los dubitativos amores de Clausulita, hija de Por y Para, mocita en trance de amores, con Indicativo (“Indi”) y Subjuntivo (“Tivito”). Indicativo es un chico muy seguro de sí, bastante chulo y jaquetón, con coche, sobrino de la tía Doña Gramática, esto es, de buena familia. Y Subjuntivo es más bien un chico honrado y soñador, muy palabrero, que nunca termina por decidirse, siempre con sus “si tú quisieras o quisieses, Clausulita mía” o sus “Ojalá estuviéramos juntos”, que no son argumentos que convenzan mucho a Clausulita; por lo demás, Tivito no vuela muy alto: no está emparentado, como Indicativo, con Doña Gramática Española, que es viuda de Bello y Cuervo y antes viuda de la Real Academia, sino que es el mero sobrino de Doña Excepción de las Reglas. Con estas credenciales, los problemas para llevar a cabo un compromiso aumentan notablemente, a pesar de que Tivito, gracias a sus buenas maneras, acaba por ganar el corazón de la protagonista. Entremedias de todo este apasionante conflicto sentimental, tenemos a la tía Modisma, entrometida y metomentodo, a Don Diccionario, con gorra de galones, y a otros varios personajes que con sus intervenciones salpimentan de gracia la obra.

Sirvan estas palabras de breve presentación a unas páginas que se merecen salir del fondo de los archivos aunque sólo sea para hacernos pasar un buen rato y para llamar la atención sobre la actividad docente de una parte egregia de la España en el exilio -Pedro Salinas, Enrique Díez-Canedo, Joaquín Casalduero, Jorge Guillén y tantos otros anónimos difusores de la lengua y cultura españolas por el mundo- para el que la enseñanza a extranjeros fue no sólo un modo digno de irse ganando la vida en las difíciles circunstancias que les tocó vivir, sino también una manera de dar rienda suelta a sus nostalgias de la patria y de su lengua.

Quiero agradecer a Jaime y Soledad Salinas su generosa ayuda y la simpatía con que han visto la edición de esta obra.

  1. Mantengo la introducción de 1996, con algunos retoques que precisan la información.
  2. Como escribe Rivero Taravillo: “Esta prestigiosa Escuela de inmersión lingüística fue fundada en 1917; convivía con otras cuatro, dedicadas al aprendizaje y perfeccionamiento de ruso, alemán, francés e italiano. A ella acudían alumnos de numerosas partes de los Estados Unidos y también de diferente procedencia social, que durante las seis semanas que duraba el curso, de principios de julio a mediados de agosto, tenían prohibido expresarse en otra lengua que no fuera el español”.
  3. Cita: “Vi una foto hace unos años en Madrid que resumía todo que sentía caminando entre los edificios del campus con mi perrito un día gris pero bonito hace unos días. Fue la foto oficial de la boda que tuvo lugar allí mismo en el año 1942 entre Francisco García Lorca, el hermano tan querido por Federico y Laura de los Ríos, hija única de Fernando de los Ríos y amiga íntima de Isabel García Lorca desde una infancia vivida plenamente en Granada. En el centro se ve la pareja, él muy guapo y ella con un vestido y sombrero con vela bastante chic (dónde los conseguía?), rodeado por sus respectivas familias – salvo algunos. Están los padres del novio y los padres de ella, y las dos hermanas de él, Isabel que nunca se casó, y Concha con sus niños, sentados en la césped de Vermont, huérfanos. Los mayores están haciendo lo mejor posible para sonreírse pero no lo consiguen del todo, no lo consiguen porque el olor de la barbarie está todavía pegado a ellos. Fernando de los Ríos, que fue Ministro con Azaña y que terminó la guerra siendo el embajador del gobierno legitimo en Washington sin poder sacar ni un rifle de Roosevelt, lo había perdido todo. Los padres del novio, mucho peor todavía, habían perdido su hijo mayor vilmente asesinado (como tantos otros) y su yerno Manuel Fernández-Montesinos Lustau, asesinado también. Allí estaban en la foto en ese pueblucho de Vermont, haciendo lo mejor que pudieron, destrozados pero uniéndose.
  4. La profesora Pilar Moraleda (Universidad de Córdoba) y el catedrático Andrés Soria Olmedo (Universidad de Granada) fueron quienes nos pusieron en la pista.
  5. Sobre Guillén, cf. Sibbal, K. M.: «Jorge Guillén at McGill: “Una marcha al Canadá, conforme, si no alegre”», en Guillén at McGill: Essays for a Centenary Celebration. Ottawa Hispanic Studies, 19, Dovehouse Editions Canada, 1996, 13-38. Guillén sólo dio clases allí menos de un año, entre 1939 y 1940.
  6. Díez-Canedo era un gran conocedor del teatro español y del género chico. Salimos, por su parte, trabajaba bastante en aquella época sobre teatro (es la época en que escribe la mayoría de sus obras de este género). Ambos debieron tomar como inspiración las zarzuelillas satíricas de principios de siglo, a las que perfectamente pudieron acudir in situ. Obras como las de Melitón Fernández, por ejemplo, que representó una zarzuelilla anticervantina en la fecha del Centenario, con un Rodríguez Marín que pierde la razón estudiando El Quijote. O como una que se titulaba La ortografía (1888), con música del maestro Chapí, y libreto de Carlos Arniches (al que Salinas estudió con fervor), que sé que estuvo en la mente de Díez-Canedo en el momento de escribir Doña Gramática. En mi opinión, esta obra de Arniches con música de Chapí es una fuente vinculada directamente a Salinas y Díez-Canedo. Aunque, en general, el teatro de Carlos Arniches es la fuente básica, a partir de obras como La señorita de Trevélez (1916)